Casada y al final convencida

Me llamo Luisa, soy una mujer de 55 años, casada y muy enamorada de mi marido. Mi marido es un cachondo que siempre tiene ganas de que estemos jodiendo. Hace algunos años que mi esposo no cesaba de proponerme que fuésemos a un club de intercambio pero yo siempre le decía que no me apetecía que otro hombre me la metiera. Al final, como tanta era su insistencia y asegurándome que solo quería conocer como era el ambiente en un club de intercambio, decidí complacerle. Así fue como estuvimos en uno cinco veces. Yo tenía muy claro que no me la iban a meter y solamente dejé que me besaran y me tocaran mientras bailábamos con otras parejas.

Colombiana en Puerto Vallarta

Venía de regreso al hotel en que me alojaba en Puerto Vallarta, corrían días de abril del año 1986, había ido solo a pasar unos días en esa ciudad de la costa del Pacífico mexicano, caía la tarde. Al llegar al hotel veo delante de mi a una señora, de las jóvenes, acompañada de sus dos pequeños que llevaba de la mano, entrando al mismo. Pide su llave en la recepción (eran épocas en que las llaves no eran tarjetas, sino llaves a la antigua), y yo hago lo propio y cada cual se dirigía a su habitación, cuando de repente veo que esta señora abre su habitación y entra, pero deja colgando del lado de afuera su llave.........

Bella desconocida

Aquella mañana; como tantas otras, iba en el autobús, medio dormido por el traqueteo del vehículo.
En una de las paradas se subió una chica que llamó mi atención: Vestía un traje como el de las secretarías de las grandes empresas, los zapatos de tacón que llevaba estilizaban sus largas piernas que se escondían bajo una falda negra a juego con la chaqueta que llevaba. Una camisa veis ceñía la parte superior de su anatomía marcando sus pechos que no eran excesivamente grandes, pero se mantenían bien erguidos.

En el Metro increíble pero cierto

Hace algún tiempo para ir a trabajar viajaba en el metro. Mi trabajo se encoentraba en el poniente de la cd. Es una cuestión de comodidad y de ahorro. Me permitía no tener que perder tiempo en buscar sitios para estacionarme y no gastar tanto en combustible. Me levantaba a las siete de la mañana, me duchaba y me vestía  desayunaba y me salia tranquilamente, sobre las siete de la mañana, para estar tranquilo en el andén, esperando a que llegara el vagón para subir.

Mis tres Vecinas

Esto me ocurrió hace un montón de años. 

Vivía entonces en casa de mis padres, y desde que recuerdo siempre nos unía una gran amistad con los vecinos, casi familiar. Yo desde siempre había sido, primero el juguete, y luego el chico para todo. Me encargaban bajar a por la compra, llevar a los niños al colegio, y muchas cosas más.